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08/03/2017
La Transformación Digital de la Banca ha generado, y seguirá generando, múltiples beneficios tanto para las entidades como para los clientes. Sin embargo, también ha provocado que estas entidades estén más expuestas a los ciberataques. De hecho, la mitad de los ataques en nuestro país afectan al sistema financiero.

Al tratarse de una temática delicada, no es fácil saber la cantidad exacta que supone el fraude en el sector, pero, según el 4º Informe sobre Fraude en Tarjetas de Crédito del BCE, que incluye cifras hasta 2013, dentro del territorio SEPA, el fraude en tarjetas fue en ese año 2013 de 1.440 millones de euros, es decir, creció un 8% frente a 2012. Por tipo de delito, descienden los fraudes en cajero y punto de venta, y aumentan por CNP (Tarjeta No Presente, Card No Present) hasta suponer un 66% del total.



Esta evolución no solo es por el incremento de volumen del comercio electrónico, sino también por el hecho de que los ciberdelincuentes usan cada vez técnicas más sofisticadas, tanto en ingeniería social (phishing) como en tecnología. Se suma a esto que los márgenes de la Banca son cada vez más ajustados (crisis económica/ financiera, competencia de las FinTech, incremento de costes regulatorios, …). La consecuencia es que los efectos económicos del fraude tienen un impacto significativo en la cuenta de resultados de un banco. Y, cómo no, también tiene un claro impacto en la imagen de la entidad y en la confianza demandada por los clientes, tanto empresariales como particulares.



Al margen de los motivos anteriormente citados, los bancos tienen que vigilar por, y cumplir, un creciente número de regulaciones y normativas, para combatir cuestiones como el blanqueo de dinero o la financiación de grupos terroristas y del crimen organizado.



En definitiva, los vectores anteriores, incremento del número de ciberataques al sector financiero, y la sofisticación de los mismos; la reducción de márgenes del negocio, haciendo que el fraude empiece a tener un impacto no despreciable en la cuenta de resultados; el impacto del fraude en la reputación de un banco y la creciente regulación (mecanismos de control) para combatir el blanqueo del dinero y financiación del terrorismo y crimen organizado, hacen que exista una creciente necesidad de combatir el fraude bancario.



Clicar sobre la imagen para ver el vídeo.



 



Aunque, eso sí, la necesidad de inversión en seguridad no es un problema exclusivo de la Banca, y, según un informe reciente de Gartner, en el año 2020 el 60% del presupuesto de los sistemas de información de la empresa se destinará a políticas de detección rápida y respuesta ante incidentes de seguridad. En 2013, esa cifra era tan solo del 10%.



Detección rápida y respuesta son las claves para una nueva aproximación proactiva a la seguridad, en vez de reactiva (como venía siendo en el pasado). Sirva como ejemplo otro reciente estudio del Instituto de Estudios Bursátiles, donde se destaca la necesidad de un enfoque proactivo en materia de seguridad, y disponer de las alianzas estratégicas adecuadas, socios tecnológicos que proporcionen la parte de inteligencia de la seguridad.



En este entorno, la propuesta de GMV pasa por tecnología contra el fraude, una aproximación proactiva y reactiva (para abordar esta problemática de forma completa), y apostando por la agilidad en la respuesta.



Así, a las soluciones tradicionales para hacer frente al fraude, ahora se quiere aprovechar tanto Big Data como Inteligencia Artificial, creando un repositorio de información de fraude y explotándolo, con el objetivo de reforzar la solución que permite expandir y complementar los SIEM (Security Information and Event Management) tradicionales.



Fuente: http://www.ituser.es



 





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