http://economia.infobaeprofesional.com 16.11.08
“La rentabilidad actual de las pequeñas y medianas empresas locales debería aumentar todavía un 50%”, sostiene un informe de la Fundación Observatorio PYME al comparar a las compañías argentinas con el modelo de desarrollo de la experiencia europea.
Sin embargo, los pronósticos que este mismo estudio realiza para el 2009 no son siquiera cercanos a estas cifras. Al contrario, son en su lugar desalentadores.
“Será cada vez más difícil evitar la caída de la rentabilidad en relación con la facturación total”, aseguran los especialistas.
Así, prevén para el año próximo un contexto de “desaceleración de la demanda interna” sumado a un “sistema financiero subdesarrollado como el argentino en el que el crédito al sector privado no financiero representa un 12% del PBI”, lo cual “afectará indefectiblemente los actuales niveles de rentabilidad empresaria”

De hecho, la rentabilidad de las PYME medidas como la relación de sus ventas con el patrimonio neto es prácticamente igual a la que tenían durante el trienio de 1996-1998, de manera que continúa en torno al 7%, según el indicador técnico Return On Sales (ROS).
En tanto, de acuerdo con el documento del Observatorio, el riesgo empresarial medido como la participación del costo financiero de las empresas sobre sus ventas, se triplicó.
Esto explica que en los últimos tiempos, sólo una de cada dos PYME industriales haya podido realizar inversiones que hayan representado un 10% de las ventas totales.
Mostrando niveles aún más preocupantes, sólo un tercio de estas compañías lograron invertir todos los años, mientras que igual proporción no lo ha hecho desde 2005.
Esto resulta incomprensible “en un país como la Argentina, limitado en su disponibilidad de trabajadores de distinto nivel de calificación” y que, por lo tanto, requiere “masivas inversiones en capital e innovación tecnológica”, explican los expertos

Toda esta situación progresiva ha llevado a que desde la recuperación de la crisis económica, el incremento de la productividad para las PYME industriales sólo haya crecido la mitad (2,4% anual) que el total de la industria (4,5% anual).
La explicación de este fenómeno se encuentra en que, a pesar de la gran heterogeneidad que caracteriza al segmento, aquellas compañías "son por su propia naturaleza importantes generadoras de empleo y más mano de obra intensiva que las grandes empresas. Dichas características se refuerzan especialmente en un contexto en el que la escasez de financiamiento para mayores inversiones de capital plantea estrategias de crecimiento basado en la incorporación –cada vez más costosa- de mano de obra”, mantienen los autores del informe.
De hecho, las PYME ocupan a más del 80% de la mano de obra del país y despliegan “la energía emprendedora” de más de 1,2 millones de personas.
A su vez, los especialistas recomiendan que es de una “importancia crucial” sostener el nivel de actividad. “Lo que el empresario está dejando de ganar por efecto precio tiene que sostenerse, como ha ocurrido en los últimos tiempos, por efecto cantidad”, resumen.
De esta manera, el informe concluye que dichas empresas en la Argentina "está dada por una estructura productiva dual y fragmentada que se ha profundizado en los últimos tiempos como producto de la falta de desarrollo del sistema financiero, homogeneizador por excelencia de las diferencias de productividad y rentabilidad” por lo que “el mayor desafío consiste en lograr un marco estable de inversiones más difundidas y un fomento explícito de las mismas a través de la política pública”.
Sin punto claro de comparación
Muchas veces resulta difícil realizar una comparación estadística de la rentabilidad de las PYME, simplemente porque resulta difícil hallar un período considerado “normal”.
“El primer período de la convertibilidad (hasta mediados de 1998) parecería más “normal” como punto de partida, pero de todas maneras es necesario calibrar esta idea a la luz de lo ocurrido tiempo después: el nivel de rentabilidad de las pequeñas y medianas empresas de este período no fue suficiente para evitar la debacle empresarial”, sostienen en el Observatorio.
A lo que suman otro factor que puede complicar aún más las comparaciones: la inflación.
“En un país como la Argentina, prácticamente sin sistema financiero, y hablando específicamente de las PYME, la medición de rentabilidad más relevante es aquella referida a la de los accionistas. Es decir, el beneficio neto derivado de sus inversiones en la empresa con capital propio, reinversión de utilidades o aportes de nuevos socios. Esta medida, es conocida como ROE (Return on Equity)”, explica el informe.
En este sentido, el cálculo del ROE actual da un 25%, cifra muy superior al 13,4% del período más normal (1996-1998). Rápidamente, uno podría pensar que esta significativa diferencia implica una mejora sustantiva para las compañías en los últimos tiempos.
Sin embargo, “la medida de rentabilidad está muy distorsionada por la imposibilidad que impone la legislación fiscal argentina de ajustar por inflación los estados patrimoniales de las empresas”, advirtieron los autores del estudio.
Lo mismo sucede con el índice ROA (Return on Assets), que calcula los beneficias del conjunto a los inversores de la empresa.
Por este motivo, la Fundación Observatorio PYME optó por un indicador más general, pero no afectado por la distorsión inflacionaria: el ROS.
Así, el documento concluye que “se trata de medir los beneficios de los accionistas de las PyME como proporción de las ventas que sintetizan, en cierto sentido, los beneficios de los cuales tienen que cobrarse aquellos que han posibilitado el producto”, desde trabajadores y acreedores financieros hasta los propios accionistas.