¿Recortar gastos o invertir en innovación y aprendizaje?

 

www.diariovasco.com  14.12.2008
La fase de recesión de la economía mundial y nacional se sigue profundizando y respuestas competitivas no se han encontrado aun. Los gobiernos buscan calmar los mercados frente a la histeria de los agentes bursátiles y de movimientos especulativos y/o emotivos que pueden volcar a enteros sistemas productivos en un abismo de desvalorización productiva, institucional y social. Las medidas de emergencia no parecen lograr los resultados esperados. Es difícil reconstituir la confianza en los mercados cuando el precio de bienes básicos como los alimentos, la educación y los mismos intereses variables sobre préstamos hipotecarios suben mientras los ahorros de millones de trabajadores invertidos inocentemente en portfolios de acciones se ven recortados dramáticamente por la caída de su valor de mercado. Frente a estas situaciones la mayoría de las empresas y de las instituciones se preocupan por reducir los gastos «innecesarios» para permitir la supervivencia de su organización. Es la respuesta más fácil y automática. Es como cuando se frena al salir de la vía con el coche, logrando a veces limitar los daños, otras veces destruyendo el vehículo. Es más difícil convencerse que la mejor solución es la de los campeones de MotoGP, quienes por el contrario incrementan con arte la velocidad de salida de las curvas como medio para controlar el descarrilamiento de su moto y evitar caerse al piso. Quizás esta última sea la solución más apropiada. Cuando asumamos esta segunda opción, aceptamos implícitamente que los sistemas-países y la misma economía global requieran de un enfoque estratégico para prepararse a superar la crisis y avanzar hacia los nuevos ciclos económicos que irán surgiendo en el futuro próximo. Se sabe que la economía avanza por fases de crecimiento y de estancamiento y siempre hay que encontrar nuevas soluciones en los períodos de recesión.
En estos últimos veinte años a nivel global se ha difundido la conciencia de que la innovación es la vía que hay que seguir. En efecto, en el panorama mundial hay países, regiones y empresas que han sabido responder a la presión competitiva mediante una apuesta decisiva hacia la innovación. Podemos mencionar a los países escandinavos que se posicionan regularmente a la cabeza de las estadísticas mundiales de desarrollo (ver el Informe de Desarrollo Humano del PNUD); y también a regiones como Oeste y Sur de Suecia; Baviera, Karlsruhe, Braunschweig en Alemania, Elea-Suomi en Finlandia, Silicon Valley en EE UU, para citar algunas, que se encuentran entre las primeras regiones mundiales tanto por ingreso per cápita como por innovación (ver los indicadores de las European Innovation Scoreboards de la Unión Europea); por fin hay también un buen número de empresas grandes, medianas y hasta pequeñas que han sabido reaccionar durante las fases económicas más duras mediante estrategias proactivas de innovación. No es solamente el caso de Microsoft y Apple en el software, Nokia en las telecomunicaciones, Amgen y Genentech en la biotecnología, Ryan Air entre las aerolíneas, sino también de empresas de países menos reconocidos por su competitividad, como Cemex de México en el cemento, Tata Steel en India en la siderurgia, Embraer en Brasil en la aeronáutica, entre cientos de otras en muchos países más y menos avanzados. En todos estos casos la base competitiva es la innovación, que permite a estos actores levantarse por encima de la ola de la crisis. Esto significa que en su estrategia de desarrollo (las regiones) o negocio (las empresas) han puesto la innovación como eje principal más que como elemento complementario; aunque innovar cueste, especialmente en períodos de estancamiento económico e incertidumbre financiera, han invertido un volumen significativo de recursos financieros, humanos y hasta emotivos para impulsar energías que de otras formas estarían condicionadas por el miedo y por la tentación de recortar gastos que no parecen directamente relacionados con la supervivencia de las empresas y de sus sistemas productivos. En todos estos casos exitosos, es por ejemplo común encontrar una inversión en I+D por encima del 3% del PIB (Suecia, Finlandia, Japón, Corea) así como no es difícil encontrar una inversión en I+D por encima del 10% de las ventas entre las empresas líderes y un porcentaje de trabajadores altamente calificados (doctores) que puede superar el 15% del total.
¿Es este el caso del País Vasco y de sus empresas? Como indican varios estudios académicos e informes de instituciones públicas (p.ej. SPRI), desde inicio de los años noventa hubo una apuesta muy fuerte por parte de las instituciones públicas y por parte de algunas empresas privadas que ha hecho que en menos de veinte años el País Vasco llegara a liderar el proceso de desarrollo económico nacional incrementando el ingreso per cápita al más alto nivel de España y en línea con el promedio de la Unión Europea. Por ejemplo, la inversión en la infraestructura del sistema de innovación regional, como son los parques científicos y tecnológicos y las incubadoras de empresas ha sido sustancial; en particular los centros tecnológicos de Euskadi han logrado alcanzar una fuerza muy superior al promedio del país, como indica el Informe sobre el Sistema de Innovación y Competitividad en el País Vasco de 2003 (y su actualización de 2008 del Instituto Vasco de Competitividad), según el cual estos centros gestionan alrededor del 40% del total de la facturación de todos los centros tecnológicos de España y el 25% del personal de I+D, además de tener una notable apertura hacia el exterior donde colaboran con redes europeas de centros tecnológicos de primera categoría (VTT en Finlandia, TNO en Holanda, Fraunhofer en Alemania) como ocurre en el caso del grupo Tecnalia que se ha asociado a la reconocida red europea EARTO (European Association of Research & Technology Organizations). A nivel de empresas también hay unas cuantas que mantienen y hasta incrementan su capacidad innovadora y competitiva aun con la crisis actual como es el caso de CAF con sus soluciones creativas en el sector del transporte que ha logrado contratos internacionales para instalar metro en EE UU, México y China, Ibermática en el sector del software que ha entrado en proyectos innovadores en el campo médico con la farmacéutica japonesa Daiichi Sankyo, Gamesa en la generación de energía por turbinas eólicas por la cual ha abierto un proyecto de investigación industrial con Ecotecnia, Iberdrola, en la generación de energía, que prevé inversiones por 24.000 millones de euros en el solo período 2008-2010, entre muchas otras. Estos son solo algunos casos de organizaciones públicas/privadas y privadas que enfrentan la crisis proactivamente, buscando incrementar sus ventajas competitivas con inversiones encauzadas a incrementar sus capacidades para mantener y hasta extender sus cuotas en un mercado global estancado aunque reñido. La pauta es señalada; ahora solo queda responder a la pregunta ¿cómo lograr que el éxito de unos cuantos se extienda al territorio en su entereza, por ejemplo a las miles de pequeñas y medianas empresas del territorio regional -en el marco de un juego a suma positiva-, y se evite que el éxito de unos sea pagado por el fracaso de muchos otros (cierre de empresas, despido masivo de trabajadores) -en lo que representaría un juego a suma cero-? Es un tema para más debate y propuestas.
M. Davide Parrilli es director académico del Master Internacional en Gestion de la Innovacion, profesor titular de la Deusto Business School, Universidad de Deusto, e Investigador Senior, Instituto Vasco de Competitividad.