Los ataques del "11-S" y el fuerte impacto que causaron en el mundo de la tecnología
12/09/2011
Un gigante de las finanzas demostró hace 10 años la importancia de resguardar los datos informáticos de las compañías y, tras el atentado, ese ejemplo fue imitado en todo el mundo. ¿Qué otros efectos tuvo el 11-S? ¿Qué habría pasado si, en esa época, hubieran existido Facebook y Twitter?

Fuente:  http://tecnologia.iprofesional.com   Fecha: 12.9.2011

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, en Estados Unidos, tuvieron un fuerte impacto en ciertos sectores de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Esto es así dado que, tras los atentados, subieron las ventas de computadoras y aumentó la conciencia en las empresas sobre la necesidad de resguardar y respaldar datos en forma remota.

La historia que mejor refleja la mayoría de estos cambios es la de un gigante de las finanzas, Lehman Brothers, que siguió adelante, a pesar de que en el 11-S fueron arrasadas sus oficinas centrales, pero al que luego le llegó finalmente su hora cuando, casi 7 años después (el 15 de septiembre de 2008) pidió la quiebra.

Aquel trágico día, a las 8.45 (hora de Nueva York), el vuelo 11 de American Airlines chocaba contra la Torre Uno del World Trade Center (WTC). Los escombros comenzaron a aparecer frente a la ventana del despacho de Bob Schwartz, el director de tecnologías de la información (CTO, sigla en inglés) de Lehman Brothers.

El ejecutivo no dudó sobre la gravedad de la situación y movilizó a todo el personal de los departamentos de Economía y también al suyo, que ocupaban las plantas 38, 39 y 40 de la torre.

Los empleados y directivos huyeron por las escaleras, mientras que los servidores de la compañía quedaron solos.

Pero mientras huía, Schwartz tomó la decisión de activar el plan de recuperación y continuidad del negocio. Para ello se valió de su teléfono móvil BlackBerry.

“Como el BlackBerry nos permite enviar y recibir correo electrónico, alerté al director informático (CIO) de la compañía, que ese día se encontraba en nuestro centro de Londres, y a nuestros colegas de Nueva Jersey, que rápidamente tomaron las riendas. Desde las mismas escaleras de la Torre Uno, activamos el plan de recuperación abriendo un centro de comandos y poniendo en marcha puentes de voz para mantener conferencias”, recordó meses después de los ataques Schwartz a la revista Network World.

Una media hora después de que el ejecutivo de Lehman Brothers alcanzara la calle, la torre se vino abajo. Apenas uno de los 625 empleados del banco que estaban en el World Trade Center perdió la vida en el atentado.

Pese a la catástrofe, ese mismo día, el departamento de Economía de Lehman se desplazó al centro de respaldo y siguió con sus tareas de gestión de fondos.

El 12 de septiembre, la compañía ya tenía 400 empleados en línea preparados para manejar acciones y fondos cuando la Bolsa de Nueva York reabriera sus puertas el lunes siguiente.

Schwartz destacó que “la red fue la verdadera heroína. Su diseño y planificación nos salvó. A excepción de alguna pequeña cosa, ninguna información crítica se perdió, y pudimos seguir dando servicios a nuestros clientes”.

La sede mundial del banco estaba en el distrito neoyorkino de Manhattan, distribuida en distintas oficinas situadas en cuatro edificios del área del World Trade Center: los equipos de desarrolladores de aplicaciones, ingenieros y personal de gestión de tecnología estaba albergado en la Torre Uno. Y Lehman tenía personal en tres edificios del muy próximo World Financial Center.

Para tomar dimensión de lo que le pasó a este banco vale destacar que oficinas, computadoras, servidores, redes e infraestructuras del departamento tecnológico desaparecieron bajo los escombros, y los otros tres edificios también quedaron inutilizados.

La compañía perdió 5.000 computadoras de escritorio, un centro de datos entero y todo su equipamiento de redes.

“Es realmente duro que llegue a producirse el desastre que ha de poner a prueba todo lo planificado. Pero siempre fuimos precavidamente optimistas de nuestra capacidad para restaurar por etapas todas las aplicaciones clave en un tiempo aceptable”, dijo Schwartz.

¿Dónde estaba la información?
Las oficinas de Lehman en Manhattan contaban con redes redundantes a ambos lados del río Hudson, que separa Nueva York y Jersey City, en el estado de Nueva Jersey, donde el banco disponía de un centro de backup.

Cada aplicación corría en ambos centros. Todos los enlaces WAN estaban completamente duplicados. Había dos líneas, una finalizaba en Nueva York y la otra en Nueva Jersey. Cuando el WTC se vino abajo, fue posible seguir accediendo a las 45 sucursales a través del centro de backup de Jersey City.

Los dos centros de datos eran idénticos y estaban enlazados por fibra óptica tendida bajo el Hudson. Así, el backup fue automático.

“Estábamos preparados para la pérdida de cualquiera de ellos. Tras los ataques, pudimos incrementar el ancho de banda y mantener activas todas nuestras oficinas como si nada hubiera sucedido”, dijo Schwartz.

Durante los primeros días después de los atentados, el equipo de recuperación de desastres reconstruyó la infraestructura tecnológica de la compañía.

Aquí tuvieron un rol fundamental los proveedores: Compaq suministró 2.500 computadoras. Además, se levantó una instalación comercial en el centro de Nueva Jersey, y se llegó a un acuerdo con el Hotel Sheraton Manhattan para utilizar habitaciones como lugar de trabajo, retirando camas y colocando mesas y computadoras. En el salón de baile se instaló un hub con conectividad de red privada virtual (VPN) con Jersey City.

El plan de recuperación y continuidad salvó a Lehman del abismo provocado por los ataques, aunque siete años después no sobrevivió a la crisis de los créditos “subprime”. Pero el caso de esta compañía fue imitado en todo el mundo como buen ejemplo de un plan de contingencia ante catástrofes.

Redes de recuperación
HP debió atender alrededor de 60 declaraciones de copias de respaldo en el WTC. IBM tuvo que asistir a más de 1.200 de sus clientes; y un sinfín de compañías de hosting, almacenamiento, seguridad y servicios gestionados debió trabajar con las consecuencias de los ataques.

Por ejemplo, la entonces EDS (años después comprada por HP) debió soportar la crisis de American Express, uno de cuyos centros de datos desapareció, con un número considerable de servidores, bajo los escombros del WTC.

American Express disponía de un plan de contingencia, realizado conjuntamente con EDS, en el que se contemplaba la recuperación de sus aplicaciones y sistemas críticos en un centro de procesos de datos alternativo.

Una vez sucedido el ataque, y a pesar de que su magnitud nunca había sido considerada como probable en el plan de contingencia, American Express activó la alarma de emergencia para iniciar el traslado de la operación de sus servidores al centro de proceso de datos contratado con EDS.

En cuestión de minutos, se localizaron las copias de seguridad, se enviaron al centro de respaldo, donde fueron descargadas, y se reactivaron los sistemas.

En general, según informes de IDC, las conexiones de Internet fueron de más utilidad que las líneas de voz. Era lo que se esperaba de una red concebida con una filosofía descentralizada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos para resistir ataques militares.

Incluso, pese a ciertos momentos de colapso, las tecnologías inalámbricas como la telefonía móvil y WiFi continuaron operando durante el desastre.

Sin embargo, luego del 11 de septiembre de 2001 quedó en claro que nadie había incluido en sus planes de supuestos desastres uno de esa magnitud.

Ganadores
Los atentados terroristas fueron un gran filón de negocios para los fabricantes de computadoras. Por ejemplo, Dell incrementó la producción en su planta de Austin, Texas. Desde el 11 de septiembre sus fábricas estuvieron trabajando día y noche para satisfacer la demanda desatada por el colapso de las Torres Gemelas.

Un inventario del Tower Group, una firma de investigación de tecnología, incluyó 50.000 computadoras de las mesas de operaciones, a u$s52.000 cada una; 34.000 computadoras personales, entre 2.000 y 6.000 dólares cada una; 8.000 servidores Intel y 5.000 servidores Unix por un costo total de alrededor de u$s370 millones; 1.000 terminales de información de Bloomberg (la empresa fundada por Michael Bloomberg, actual alcalde de… sí, de Nueva York); y u$s300 millones en impresoras, tableros, plaquetas, almacenamiento de datos y hardware para redes.

Dell había vendido, en apenas una semana, más de 24.000 servidores, laptops y computadoras de escritorio para reemplazar los equipos que se perdieron en los ataques.

Esta compañía envió cientos de técnicos a Manhattan y a Washington, convirtió tres camiones de 18 ruedas en unidades móviles para la instalación de equipos y soporte técnico y contrató un avión para llevar piezas desde Taiwán hasta su fábrica en Texas.

La industria de la computación venía tambaleando después de un año en el que la venta de computadoras personales había caído en forma abrupta. Con la reconstrucción informática post 11 de septiembre, compañías como Compaq y Dell tuvieron un envión muy fuerte.

Compaq instaló un centro de comando en Cupertino, California, para recibir los pedidos urgentes de compañías en Nueva York y Washington. La empresa, que luego fue adquirida por HP, tenía una gran participación en el mercado de servicios financieros- recibió pedidos de cientos de clientes afectados.

Bloomberg solamente les encargó 2.200 laptops a IBM, 3.000 computadoras personales a Compaq y 5.000 teclados y 3.100 computadoras de pantalla plana a otros fabricantes.

Robots
Otros protagonistas tecnológicos, que cobraron fama luego del 11 de septiembre de 2001, fueron los robots, que nunca habían sido probados en desastres del mundo real, pero ya eran mucho más pequeños y más ágiles en los años anteriores a los sucesos de Nueva York.

La Universidad de Texas A&M armó equipos del tamaño de una caja de zapatos, llamados PackBots, con una banda rodante en sus llantas similar a la de un tanque y brazos parecidos a una grúa de transporte marítimo.

A estos robots se les pidió, por primera vez, cavar entre los escombros del World Trade Center. Los objetivos de estos eran buscar víctimas, evaluar la integridad estructural de los escombros, y enviar imágenes de lugares difíciles de alcanzar.

Se enfocaron en sitios donde no había espacio físico, demasiado pequeños para que las personas o los perros pasaran, y con algunas partes aún en llamas.

En los 10 años posteriores al ataque, estos desarrollos mecánicos avanzaron y hoy son miembros cada vez más importantes de los equipos que responden a todo tipo de desastres: desde terremotos, huracanes y catástrofes nucleares, hasta derrames de petróleo.

Casi una década después, una versión actualizada del iRobot PackBot fue desplegado en la planta nuclear de Fukushima Daiichi en Japón tras el terremoto y el tsunami de marzo pasado.

El personal no podía ingresar con seguridad en la planta sobrecalentada, debido a la radiación nuclear, pero los robots se abrieron paso fácilmente. Fueron capaces de revisar los niveles de radiación y temperatura del aire y luego reportar los datos a sus controladores humanos.

Ayer y hoy
Cuando ocurrió el atentado a las torres gemelas, en tiempos en que la figura de Osama Bin Laden saltaba a la popularidad, no existía Twitter, ni Facebook, ni LinkedIn. La enciclopedia “online” colaborativa Wikipedia, uno de los primeros exponentes de la web 2.0, había sido lanzada apenas un par de meses antes.

¿Qué cambió en la década que pasó desde el trágico atentado contra las torres hasta la muerte de Bin Laden en Pakistán?

Silvina Moschini, CEO & fundadora de la agencia Intuic afirmó que se modificaron “muchísimas cosas pero, sin lugar a dudas, una de las principales estuvo dada por la forma en que se desarrollaron las comunicaciones a través de Internet".

"La expansión de las redes sociales revolucionó la manera en que nos informamos, expresamos nuestras opiniones y contactamos a nuestros seres queridos, entre tantas otras cosas más”, sostuvo.

Y así fue el 1 de mayo de 2011, cuando la Casa Blanca anunció el asesinato del líder terrorista: la primera noticia sobre el operativo que abatió al líder de Al-Qaeda fue dada conocer a través de Twitter.

Sin saber exactamente de qué se trataba, un especialista en tecnologías de la información que estaba en las cercanías de la casa en la que se escondía Bin Laden “twitteó” lo siguiente: “Un helicóptero está suspendido sobre Abbottabad a la 1 AM (es algo raro)”.

Unas horas después, durante el discurso de Obama que confirmaba la muerte del terrorista, la red social de los 140 caracteres alcanzaría un fabuloso nivel de actividad: 12,4 millones de tweets por hora.

Según informaron desde la propia red de microblogging, el volumen de mensajes fue uno de los más altos de su historia y superó, incluso, al del último Super Bowl.

“Lo que demostró este episodio es el grado de penetración y compromiso que las redes sociales han logrado en la vida cotidiana de los usuarios. No sólo circuló información sino, principalmente, opiniones y frases de desahogo de miles de personas al enterarse de que los Estados Unidos habían terminado con la vida del líder extremista”, afirmó Moschini.

La ejecutiva mencionó una encuesta publicada por el sitio web especializado Mashable. Este sondeo reveló que el 51% de sus usuarios tomaron conocimiento de la muerte de Bin Laden a través de posts en Facebook o Twitter.

Para Moschini, “una vez más, fue una demostración de que las redes sociales se transformaron en un vehículo de información y expresión que resulta ideal por su inmediatez e instantaneidad. Los ‘social media’ ganan cada vez más espacios basados en múltiples ventajas y opciones de sociabilidad. Ya no sólo pasa por comunicarse con los seres queridos, o por acceder a información inmediata de primera mano. Además, redes como Facebook y Twitter son auténticos ámbitos de sociabilidad que permiten canalizar las emociones colectivas en momentos de agitación social”.

Quizás lo que sucedió hace apenas cuatro meses sirva para imaginar cómo habría repercutido un hecho tan conmocionante como el atentado del 11 de septiembre.