El debate de la cuestión eléctrica
06/06/2012
Industria intentará modular la subida del 23% de la luz en 2012 y del 18% en 2013, necesaria para eliminar el déficit

En recientes declaraciones a los medios, el ministro de Industria, Turismo y Comercio, José Manuel Soria, ha anunciado medidas importantes en el sector eléctrico, para reordenarlo en pro de mayor eficiencia. Un propósito que nos lleva a reflexionar sobre una de las cuestiones más controvertidas de las reformas económicas en curso, con diversidad de informes y contrainformes al respecto; destacando entre los primeros uno de Pricewaterhouse Coopers (PwC), dirigido por Jordi Sevilla, sin olvidar otros trabajos, como los de KPMG, la propia Comisión Nacional de la Energía, las entidades de renovables, etc. Estudios, todos ellos, en los que está claro que el sistema eléctrico español reviste el mayor valor estratégico; por el fuerte carácter anticíclico de sus inversiones, y también debido a su incidencia en la competitividad del tejido social e industrial.

En cuanto a las claves del tema, se sitúan en la política regulatoria de los últimos gobiernos, que estuvo centrada de modo prioritario en el control del precio final de la electricidad, con toda una serie de consecuencias no demasiado positivas.

En esa dirección y de cara al futuro, hay casi unanimidad en que el regulador sectorial debería ser independiente; para garantizar la seguridad jurídica y restaurar la confianza de los inversores. Por otro lado, habría de ponerse fin al hecho de que España es hoy el único país en el que los clientes mantienen una deuda con las compañías eléctricas. Se trata del déficit de tarifa, que sin ninguna malevolencia llamaremos, para abreviar, DDT, y que deriva de la circunstancia de que los costes de las actividades reguladas son superiores a lo que en cada ejercicio ingresa el sector; con una cifra global acumulada al día de hoy que podría estar entre 24.000 y 28.000 millones de euros.

La solución inmediata y total de un problema de tal envergadura exigiría (según PWC) la subida de los peajes de acceso (redes de transporte, distribución, etc.). Lo que implicaría aumentos del precio final de la electricidad para el consumidor doméstico, de un 23 por ciento en 2012, y del 18 en 2013; en tanto que para el cliente industrial el incremento se situaría en un 8 por 100 en 2012 y en el 4 en 2013. Aumentos que la Administración, inevitablemente, intentará modular, pues la opinión pública es muy sensible al popularmente llamado «precio de la luz». En cualquier caso, en mayor o menor medida, será inevitable subir tarifas.

La acumulación del DDT es, en el fondo, el resultado de un mix de generación con importante incidencia de las energías renovables (sobre todo las solares), actualmente subsidiadas con primas que representan un gasto para los consumidores; que habrán de ajustarse teniendo en cuenta los tiempos de austeridad que corren y, también, considerando que es exigible una tecnología cada vez más avanzada.

Todos reconocen que las renovables son imprescindibles para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones de CO2 y también para que España tenga menor dependencia energética del exterior. Con todo, ha de tenerse en cuenta que su fuerte desarrollo ha incrementado los costes regulados: las primas experimentaron un crecimiento medio anual acumulativo del 16 por 100 desde 2002, alcanzando los 7.067 millones de euros en 2010; de modo que el acuciante problema actual del déficit de tarifa no sería tan fuerte de haberse revisado racionalmente las referidas primas. Subvenciones de las que se benefician mayoritariamente ciertas empresas que, a la postre, son financiadas por las que soportan en sus balances el déficit de tarifa.

A lo anterior, se suma el hecho de que, al ser las renovables energías no predecibles para garantizar el suministro, es preciso contar con centrales eléctricas de respaldo, a fin de operar en cualquier clase de circunstancias meteorológicas, pues la demanda eléctrica no depende de que sople el viento o luzca más o menos el sol: de hecho, la punta de mayor consumo se alcanza en las horas nocturnas.

Adicionalmente, el correcto funcionamiento del sistema necesita de otras tecnologías, que den soporte a las renovables, y que garanticen el suministro en los momentos en que éstas no estén disponibles. Esto es, con un «back up» que protagonizan las centrales térmicas, las hidroeléctricas y las de ciclo combinado, que siempre han de estar listas para entrar en funcionamiento en cualquier circunstancia, lo que implica un esfuerzo relevante.

Por último, señalemos que en la reordenación del sector ha de considerarse seriamente el tema de la energía nuclear. De la que es imposible prescindir, por cuatro razones concretas: es tecnología altamente competitiva en cuanto a precio, reviste particular importancia de cara a la independencia energética, no genera emisiones de CO2, y garantiza la seguridad del suministro.
Desde las diversas perspectivas hay que contribuir al debate en curso, cuando el Ministerio de Industria, Energía y Turismo y el Gobierno van a decidir sobre un asunto de tanto alcance, en pro de un sector eléctrico mejor ordenado y más eficiente.