Los diez pecados capitales del jefe. Leo Farache
14/02/2008
Farache ha logrado reunir en estas páginas un buen puñado de anécdotas como ésta y recomendaciones para que los jefes, ahora que la retención del talento y la atracción es una obligación en las empresas

El autor de este libro, Leo Farache, reúne en estas páginas numerosas anécdotas y recomendaciones para que los jefes, ahora que la retención del talento y la atracción es una obligación en las empresas, no caigan en la tentación de cometer alguno de estos diez 'fatales' pecados.

Montse Mateos / Madrid.

"Si un jefe no sabe o no puede decidir, que se vaya a su casa. Y así de claro te lo digo". Estas palabras de un mando intermedio a su director de operaciones forma parte de uno de los sesenta y un relatos reales que recoge Leo Farache, autor de Los diez pecados capitales del jefe. En este caso, esta 'historia' sirve para explicar lo que Farache considera el primer pecado capital: "El jefe no decide, ni manda". En esta 'historia' el mando, responsable de un equipo de diez personas rompió en cólera cuando su jefe directo no se pronunciaba ante ninguna de sus decisiones eludiendo responsabilidades con un "espero que me digan algo, pero sabes que no depende de mí, etcétera". Farache ha logrado reunir en estas páginas un buen puñado de anécdotas como ésta y recomendaciones para que los jefes, ahora que la retención del talento y la atracción es una obligación en las empresas, no caigan en la tentación de cometer alguno de estos diez 'fatales' pecados. 1. El jefe no decide, no manda. La ausencia de mando puede tener consecuencias muy perniciosas para la organización. Este vacío puede venir derivado de una no aceptación por parte del jefe de las responsabilidades asociadas al cargo, lo cual supone una dimisión implícita. El jefe que no manda, que no decide, es un estorbo. ¿Para qué queremos una novia que no besa, un cantante que no canta, un bolígrafo que no pinta? 2. El jefe manda, pero no lidera. Para conseguir la complicidad de la organización, el jefe tiene que enviar señales, muchas de ellas muy sencillas, que le permitan ser tomado como referente.El carisma se construye a travésde comportamientos cotidianos, no sólo con un verbo fácil y locuaz. El jefe que busca liderarsu equipo tiene que encontrarla complicidad con él. 3. El jefe es un prepotente (lo cual, a menudo, coincide con que el jefe no es muy educado, no es muy humano o no es muy honrado). El jefe es prepotente porque ha desarrollado su autoestima de un forma excesiva. Cree que las personas como él son diferentes a las demás, la gran mayoría, y que éstas no merecen su tiempo y cariño. 4. Oír pero no escuchar. Escuchar aporta información, siembra dudas, mejora la decisión que sólo el jefe puede tomar. 5. El jefe pierde su propio control. Controlarse es dominar la capacidad y el valor de elegir. Dudo que nadie que haya desarrollado esa capacidad opte por hacerse daño a sí mismo. Quien no puede controlar esa primera decisión, la de cuidarse, y elige todo lo contrario, maltratarse, en un peligro como jefe. 6. El jefe es resultadista (antepone el resultado a hacer las cosas bien). Trabajar y vivir en una organización con jefes que sólo piensen en resultados, sin reparar en mejorar los medios y la estructura organizativa para conseguirlos, es descorazonador y muy desalentador. 7. El jefe no despide a los empleados o directivos perjudiciales (o directivos C). La miopía y la desidia hacen que un mando intermedio destructivo y que no permite que otras personas dependientes de él sean productivas, no sea despedido por su superior. 8. El jefe no piensa primero en los clientes. Poner en el centro de todo al cliente es algo que no falla. Eso sí, exige mucho esfuerzo y humildad. El jefe que peca anteponiéndose al cliente rompe la baraja del sentido común y hace que las personas que dependen de él se sientan siervos más que productores de un servicio para el que han sido contratados. 9. El jefe tiene miedo. O el jefe divide (... y perderá). Los jefes pueden ver en los compañeros a competidores. Pueden ver competencia donde en realidad hay aumento de riqueza intelectual, y eso es el principio de un mal final: el de las empresas repletas de pesonas a imagen y semejanza de quien contrata, que no quiere ningún tipo de sorpresa. 10. El jefe es injusto. El jefe es injusto cuando no entiende la importancia que tiene el dinero para sus subordinados y juega con el dinero ajeno. 10 + 1. (Bonus track). El jefe es un gran hijo de... (expresión cuyo significado no es literal).Se aprovechan de su condiciónde pagador o de progenitor para someter a sus subordinadose hijos a un chantaje emocionalque cualquier persona con sentido común lo consideraría como acoso moral. Autor: Leo Farache Editorial: Almuzara Páginas: 272 Precio: 19 euros