El renacer silencioso de IBM.
06/06/2011
La carrera tecnológica está jalonada de grandes hitos. Desde los ordenadores que llevaron a la Luna la misión Apolo hasta cosas más corrientes como el código de barras que pone precio al cartón de leche o la banda magnética de las tarjetas de crédito. El último tiene un nombre propio: Watson, el cerebro de silicio que se impuso a un ser humano en el popular concurso de la televisión estadounidense Jeopardy.

Fuente:  www.elpais.com   Fecha:  06.06.2011

Todas estas invenciones tienen un nexo: los laboratorios de International Business Machines (IBM), la compañía que creó el ordenador personal. Este año celebra su centenario, y por eso decidió bautizar su último ingenio con el nombre de su fundador, Thomas Watson. Y lo hace de forma callada, mientras se bate con su rival Microsoft por el segundo puesto en la industria tecnológica (Apple es líder indiscutible).

Hace un par de semanas que Big Blue, apodo con el que es conocida la empresa, superó en capitalización bursátil a la compañía de Bill Gates. La última vez que estuvo por delante fue hace 15 años, cuando el fabricante del sistema operativo Windows se consolidó como la firma dominante del sector e IBM rozó la suspensión de pagos. La realidad ha cambiado. Ahora el dinero está en el acceso a datos en cualquier momento y lugar.

En su origen, IBM era conocida como Computing Tabulating Company. Nació de la fusión de varias empresas tecnológicas. Una de ellas desarrolló una escala que determinaba el precio del un trozo de queso o un corte de carne a partir de su tamaño y proporción. Ahorraba tiempo a los tenderos y dinero porque evitaba errores de cálculo.

De ahí surgieron otras invenciones. En abril pasado, centenares de empleados de IBM se reunieron en Minnesota y echaron un vistazo a lo hecho durante estos 100 años. Walt Ling, vicepresidente de la empresa, recuperó de la memoria las máquinas perforadoras y los lectores de tarjetas que hacían funcionar a las computadoras primitivas.

Un siglo después, los activos de IBM ascienden a 109.000 millones de dólares. El año pasado facturó 95.800 millones y tuvo un beneficio neto de 13.400 millones. A escala global cuenta con una plantilla de casi 400.000 empleados. La división de servicios es la más potente del grupo, con casi 14.600 millones facturados en el primer trimestre, casi el triple que el negocio informático y de sistemas.

IBM aparece en el puesto 18º del ranking que la revista Fortune dedica a las 500 mayores compañías de EE UU. En términos de facturación, la única tecnológica que la supera es Hewlett Packard, con 126.000 millones en ventas el pasado ejercicio. Le siguen Apple, en el puesto 34º, con 65.225 millones, y Microsoft, tres puestos más abajo, con casi 62.400 millones.

Big Blue marcó la industria tecnológica durante décadas, hasta que hace 25 años llegó al punto más alto y se vino abajo. Uno de sus pecados fue, precisamente, contratar a Microsoft para que le suministrara el sistema operativo que haría funcionar sus computadoras personales. Eso fue cuando la firma informática de Bill Gates era una completa desconocida en el universo empresarial.

No pasaron 20 años y Microsoft era ya tres veces más grande que IBM. Intel, entretanto, le iba comiendo cuota de mercado en el negocio de memorias y procesadores. IBM envejeció de golpe, a la misma velocidad que avanzaba la revolución tecnológica, hasta el punto de cerrar el ejercicio 1993 con pérdidas de 8.000 millones, las mayores registradas hasta entonces por una compañía en EE UU.

Pero quizá peor fuera ver que estaba perdiendo el pulso al cambio tecnológico. Fue la época en la que los titulares de prensa se referían a IBM como un "dinosaurio" y hablaban del fin de una era. La compañía ya no era sexy para Wall Street. Hasta que Louis Gertsner tomó las riendas y dio un vuelco su modelo de negocio, con la ayuda después del estallido de las puntocom.

Con el negocio de los ordenadores personales, los nuevos ejecutivos de IBM apostaron por buscar nuevas fuentes de ingresos, y en ese proceso se centraron en lo que se conoce como "servicios de innovación", a la vez que se integraron las distintas unidades. Un proceso de ajuste gradual que llevó ocho años completarlo y que no dio frutos hasta pasados los dos primeros.

En esa reconfiguración, IBM vendió a final de 2004 el negocio de ordenadores personales a la china Lenovo, para centrarse bajo la batuta de Sam Palmisano en los servidores y aplicaciones para negocios. El ejecutivo explicó que trataba de reforzar la capacidad de IBM para poder aprovechar las oportunidades que se presentaban en una industria que cambia muy rápido.

Si Gertsner hizo bailar al elefante, Palmisano lo puso a dar saltos. Aunque el PC fuera un fenómeno planetario, lo cierto es que con esa división difícilmente ganaba dinero. Más bien lo contrario. IBM era el tercer fabricante de ordenadores. En ese proceso por quitarse del negocio de los dispositivos cerró varias plantas y vendió unidades como la de discos duros a Hitachi. Las desinversiones afectaron a otras líneas de productos con bajos márgenes de beneficio, como memorias, componentes, impresoras y monitores. El mantra de Watson era no ser conformista y arriesgar. Ahora IBM habla de que 9 de cada 10 empleados están orientados al desarrollo de soluciones, tanto en el ámbito de las aplicaciones como de los servicios a empresas.

La transformación, por tanto, ha sido la clave de la supervivencia de IBM. La clave, explican en la compañía, estuvo en entender a tiempo la tendencia que estaba creciendo en torno a Internet, en gestionar la ingente masa de datos.

El sistema Watson hace precisamente eso: captura y analiza datos, y les otorga un sentido, de manera que facilita la toma de decisiones, reduce costes y mejora la eficiencia. El choque de la máquina contra los dos grandes campeones de Jeopardy era más que un juego con un millón de dólares para el ganador. Se trata de una tecnología para resolver problemas reales.

Pero es también una manera para destacarse de sus rivales en las soluciones para empresas, como Oracle, la alemana SAP o su eterna rival Microsoft. Algunos gurús tecnológicos, como Bill Atkinson, pionero de Apple, dicen que lo visto en televisión es el anticipo de lo que se vivirá dentro de una década en la computación. Quizá antes. -