Cristina Garmendia Presidenta de Genetrix: 'Del fracaso se aprende más que del éxito'
12/04/2008
Un máster en Dirección de Empresas le cambió su carrera profesional, hasta el punto de que decidió colgar la bata de científica para fundar su propia compañía, que opera en el sector biofarmacéutico.

CINCO DIAS. Paz Álvarez / MADRID (29-04-2006)

Parece una mujer muy calmada, curtida en las largas esperas de los laboratorios. Cristina Garmendia (San Sebastián, 1962) se preocupa de explicar minuciosamente el nacimiento de Genetrix. Su interés por el sector biofamacéutico le ha llevado a promover y participar en iniciativas destinadas a estimular la creación de empresas de base biotecnológica. De hecho, es la presidenta de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio). Asegura que muchas veces echa de menos no tener demasiado tiempo libre para pensar. Necesita el sosiego en solitario. Y, en ocasiones, suma a la reflexión a sus hijos y los amigos de éstos. 'Estando con niños aprendes muchas cosas porque aportan ideas frescas'.

Estudió Biología, más tarde se especializó en Genética y ahora dirige una compañía.

Comencé haciendo el doctorado y como profesora de genética en la Universidad Autónoma de Madrid. Posteriormente hice un máster en Dirección de Empresas en el IESE y mi vida cambió. Decidí cambiarme al mundo empresarial. En ello también tuvo un gran peso mi entorno familiar empresarial. El máster me cambió la vida.

¿En qué sentido?

Fue un gran descubrimiento porque la formación que haces te suele encasillar bajo ciertos parámetros que te mantienen alejada del mundo de la empresa. Durante diez años estuve trabajando en el grupo familiar y conociendo otra realidad, pero lo que siempre me ha gustado han sido las ciencias y he sentido una gran curiosidad por esta disciplina. En un momento dado surgió la oportunidad de mezclar los dos mundos. Ocurrió en 1998 y montamos formalmente Genetrix en 2000. Fue la primera empresa privada del sector de la biotecnología dentro de un entorno público.

'El éxito se basa en tener buenos colaboradores y que todos pongan de su parte para que todo el trabajo sume'

¿Y usted qué aporta a la compañía?

Creo que mi papel es poner blanco sobre negro el proyecto. Y yo creo que un gran éxito, en el que me he volcado personalmente, es el de la selección de los profesionales de la compañía. La política de recursos humanos debe funcionar muy bien. Hemos dado tanta importancia a la cualificación profesional como al encaje personal. Y que no se buscara sólo la medalla individual. Hemos dado mucho valor a la entrevista personal, y yo me he involucrado en ellas.

¿Y en ese cara a cara con los candidatos qué ha descubierto?

Te llevas mucha decepción con los currículos. Ya no me impresionan todos los expedientes brillantes porque he descubierto que hay auténticos profesionales de los currículos. En primer lugar, tienen que tener sentido. Y a mí lo que verdaderamente me atrae es la historia que hay detrás de ese currículo. Hay personas que tienen muchos lapsus en su carrera y no pasa nada. Es más, un fracaso bien manejado es mucho más interesante que una carrera marcada por los éxitos. Yo lo valoro mucho.

¿Cómo buscaron financiación?

Teníamos clara la oportunidad que existía dentro de la ciencia pública, pero teníamos que poner un modelo de plan de negocio. Existían programas de interés por parte de la industria farmacéutica y vimos que había una posibilidad de que esos programas llegaran al mercado. Primero, con un entorno científico adecuado como es el sector público, porque la inversión en infraestructura es enorme. Tardamos el primer año en firmar el primer contrato porque hacía falta que entrara en juego el factor confianza. Necesitábamos profesionales con experiencia en el sector de la biotecnología, en ensayos clínicos y en temas financieros. Después cubrimos un millón de euros con la ayuda de varios socios estratégicos. Y más tarde hemos hecho una segunda ronda de ampliación de capital para salir del entorno público. Ahora tenemos siete millones de gasto, pero la compañía funciona dentro del marco privado.

¿Cuesta mucho dejar el laboratorio para encerrarse en un despacho?

Mucho. Me siguen divirtiendo las reuniones científicas, pero no tengo tiempo. El día a día de la empresa es muy absorbente. El reto de la gestión es muy apasionante, sobre todo si con ello consigues impactar en la investigación. La parte de desarrollo de negocio se mueve a un ritmo trepidante y la forma de hacer ciencia ha cambiado mucho en los últimos años. No tiene nada que ver a cuando yo hacía el doctorado. La ciencia entonces era un trabajo muy individualizado y podías llevar en solitario tu propia línea de investigación. Ahora todo pasa por la colaboración, por el trabajo en equipo. Los proyectos biofarmacéuticos no se pueden emprender en solitario.

¿Las medallas ya no se cuelgan en solitario?

Si alguien quiere hacerlo no tendrá opción para conseguirlo. El éxito se basa, hoy día, en tener buenos colaboradores y que todos pongan de su parte para que todo el trabajo sume en equipo. Creo que hay tres pilares fundamentales para conseguir el éxito empresarial. En primer lugar, los colaboradores que participan en el proyecto; después, la capacidad financiera, y por último, la suerte. También es cierto que cuanto más trabajas más suerte tienes.

Gestión. 'Yo estoy ocupada, nunca estresada'

¿Cómo afrontan la fuga de talento que vive el sector científico?

En primer lugar, se retiene con un proyecto atractivo. La biomedicina es un área muy interesante, pero además nosotros retenemos con incentivos económicos. Por ejemplo, haciéndole participar al profesional en el incremento de valor de la empresa.

Muchas investigadoras se han quejado de la discriminación que les ha tocado vivir.

Yo no he sufrido ningún tipo de discriminación, pero eso no significa que no la haya. En biomedicina somos mayoría de mujeres en estos momentos. Con lo que no estoy de acuerdo es con la imposición. No estoy a favor de las cuotas, y mucho menos dentro del sector privado, donde está en juego la competitividad de las empresas. Hay sectores en los que tradicionalmente no ha habido mujeres, y es ahí donde es más difícil que ocupen puestos directivos. Mi padre fue el promotor de que yo tuviera mi propio desarrollo profesional.

¿Cómo concilia su vida personal con el trabajo?

Es difícil delimitar lo que es el trabajo y lo que es una afición. Tengo una buena conciliación familiar y laboral. Tengo dos hijos y desayuno y ceno todos los días con ellos, y una vez a la semana voy a comer a mi casa. Mis hijos son felices y viven con ilusión el trabajo de su madre. Lo que no puedo evitar es llevar siempre trabajo a casa. Creo que conciliar la vida personal con el trabajo es más permisivo para una mujer que para un hombre. Por ejemplo, si la fecha de una reunión coincide con la función de ballet de mi hija, renuncio a la reunión.

¿Qué es lo más apasionante de su trabajo como ejecutiva?

Es una labor dura pero apasionante. Hay que saber manejar un cierto nivel de ansiedad pero sin estresarse. Yo estoy ocupada, nunca estresada. Como ejecutiva he aprendido a catalogar los problemas. Esa es una ventaja de las mujeres, que siempre hemos tenido la necesidad de saber organizarnos. Creo que la organización es inherente a la condición femenina. Además las nuevas tecnologías tienen ventajas, pero también estresan mucho más. Hay que saber manejarlas, sobre todo cuando quieres cierta flexibilidad horaria.