Las redes sociales deberán tener un "código de circulación" para ser útiles
10/08/2011
"Aumenta la sensación de que los caminos tradicionales están tocando techo y la gente ve que otros tipo de gestión pueden funcionar"

Fuente: www.lavanguardia.com   Fecha:  10.08.2011

Si redes como Facebook o Twitter quieren consolidar el papel desempeñado en la "primavera árabe" y ser parte esencial -más allá de su uso lúdico- de la nueva arquitectura social deberán dotarse de un "código de circulación" que garantice su utilidad a la sociedad, según el investigador Ricard Ruiz de Querol.

Director del Grupo de Investigación sobre Información, Tecnología y Sociedad de la Fundación Barcelona Media, Ruiz de Querol asegura en una entrevista con Efe que los bautizados como "social media" han hecho hasta ahora demasiado hincapié en los aspectos tecnológicos de estas herramientas dejando de lado su vertiente más social.

Sin embargo, las revoluciones en el Norte de África y Oriente Próximo, y en el caso español la repercusión del movimiento 15-M, han puesto las cosas en su sitio y han demostrado el potencial de estas plataformas para la innovación social y su capacidad para movilizar a miles de personas.

Ruiz de Querol apunta que muchos ciudadanos del planeta han sido conscientes de su utilidad antes que sus gobiernos, a los que el alcance de estas tecnologías ha pillado con el paso cambiado, incluso con resultados dramáticos.

Así, estos días la policía británica culpaba a algunas redes sociales de avivar los actos de pillaje que se están produciendo en diversos barrios de Londres y que se están extendiendo a otras ciudades inglesas.

Pero en general sus usos han sido constructivos. Un ejemplo de este movimiento 4.0 es la plataforma Rodalia.info, que unos usuarios de Cercanías crearon en Cataluña para recoger los incidentes en esta red ferroviaria y que da mejor servicio informativo que la empresa gestora.

"Aumenta la sensación de que los caminos tradicionales están tocando techo y la gente ve que otros tipo de gestión pueden funcionar", señala este experto.

Ruiz de Querol cita un reciente artículo de "The Economist" en el que se indicaba que el alcance de estas innovaciones sociales tiene un problema de escala para convertirse en alternativa real aplicable a ámbitos como la educación, la salud y otros fines sociales construidos "de abajo a arriba".

De hecho, explica, existe la tecnología para conocer cuáles son los temas ("topics") que más interesan, para a partir de allí "coger un montón de opiniones y sacar información de ella", aunque de momento estos mecanismos sólo se están utilizando en publicidad en búsqueda de las codiciadas tendencias.

Otro reto de la nueva arquitectura social será cómo recrear la estructura de una asamblea participativa en estas plataformas que no sean manipulables. "¿Por medio de blogs? ¿con foros de debate y votaciones? Eso algo que está por hacer", señala el investigador.

En este sentido, remarca que habrá que tener en cuenta a la gente que por edad (en España la brecha digital generacional es más amplia que en otros países europeos) u otros motivos no utilicen estos nuevos medios sociales.

La UE ha convocado una cita en Bruselas para septiembre para recabar opiniones sobre cómo crear plataformas para aumentar la conciencia colectiva sobre determinados asuntos y de qué forma gestionar la acción colectiva de los mismos: por ejemplo, reducir el consumo de medicamentos o ahorrar energía.

"La innovación social no excluye la innovación política, pero no se trata sólo de tener una idea, hay que hacer que ésta surta efecto", argumenta Ruiz de Querol, que utiliza como símil el "boom" generado por el libro "Indignaos", de Stéphane Hessel.

"El que un libro tan flojo en contenido haya tenido tal éxito se debe al descontento grande. Ahora hay que ver cómo se recoge este descontento para convertirlo en algo más que una acampada", indica.

Frente al hecho evidente de que las principales redes sociales estén en manos de grandes corporaciones, Ruiz de Querol explica: "para Facebook o Twitter los ciudadanos no somos clientes, somos audiencia, sus clientes son los que pagan publicidad y su propósito principal no es servirnos, sino conseguir anuncios".

Por ello, ve ideal la existencia de un gran red social "con causa", y anima a los ciudadanos a crearlas porque los instrumentos "están ahí" y el "software libre lo permite".

Pero como en todo, existen riesgos: "¿La tecnología va más deprisa que la legislación? Muchos dicen que es al revés, que la legislación va demasiado despacio. Una actitud realista con la tecnología es que si se puede utilizar mal, se utilizará mal", dice.

Para evitar una mal uso de la ingente cantidad de información que generan estos social media -como la venta de datos de los usuarios- Ruiz de Querol aboga por una mínima gobernanza personal de la privacidad, en la que prime el sentido común de cada uno.

"¿Hay peligro? Pues claro que lo hay. La gente muere en la carretera, pero ¿suprimimos los coches? Lo que hacemos es poner unas reglas mínimas, un código de circulación y una educación vial. Lo mismo tiene que pasar en este caso", concluye.