Cómo hacer un uso racional de las TIC en el entorno laboral.
07/06/2011
La necesidad de las empresas de supervisar la correcta utilización de las herramientas tecnológicas por parte de sus trabajadores.

Fuente: www.lne.es  Fecha:  07.06.2011

 El actual entorno de las empresas, marcado por un crecimiento exponencial de la utilización de las nuevas tecnologías para el mundo de los negocios, nos exige mejorar y optimizar todos los recursos posibles para lograr una mayor competitividad de las mismas. El desarrollo que las tecnologías de la información y la comunicación -TIC- han experimentado en los últimos años nos obliga a optimizar los recursos humanos y tecnológicos de la empresa «controlando el uso TIC desde el puesto de trabajo en horario laboral».

Si tenemos en cuenta que la empresa es el segundo lugar desde el que se accede a internet y que cada empleado destina una media del 28% de su jornada laboral a navegar desde el puesto de trabajo con fines personales, resulta evidente que los costes económicos que implica para las empresas fuerzan, cada vez con más razón, a establecer herramientas tecnológicas que ayuden a controlar, restringir o bloquear el uso indebido de los sistemas. Estas medidas tienen como objetivo garantizar que la utilización de las TIC se limite al cometido que el empleado tiene en horario laboral: generar la mayor productividad posible con ayuda de las nuevas tecnologías.

La pérdida de tiempo de una interrupción por motivos personales en el trabajo que podía suponer hace una década un par de minutos, hoy en día, con el desarrollo de las nuevas tecnologías y nuestros hábitos de comunicación, puede suponer más de noventa minutos, un tiempo que es soportado y costeado directamente por la empresa. Esta circunstancia ha originado que en EE UU, cuna de internet y de las comunidades virtuales, el 57% de las empresas haya establecido políticas de empresa 2.0 para regular el uso de las TIC entre sus empleados. En España, sin embargo, solamente el 10% de las empresas aplica estas políticas de regulación. Estos datos ponen en evidencia el largo camino que queda por recorrer en nuestro país y que será de obligado cumplimiento por estrictos criterios de índole económica y para aumentar la seguridad y la productividad.

Al margen de las pérdidas económicas que una inadecuada y/o abusiva utilización de las herramientas tecnológicas por parte de los trabajadores puede causar a la empresa, son numerosos los riesgos jurídicos a los que ésta se expone. Así, en la práctica, algunas empresas han tenido que hacer frente al pago de cuantiosas multas e indemnizaciones como consecuencia de actuaciones de sus empleados que, haciendo un uso inadecuado y/o abusivo de las referidas herramientas, han vulnerado la normativa de protección de datos de carácter personal, de la sociedad de la información o de propiedad intelectual y/o industrial o, incluso, cometido algún ilícito penal.

Supervisión con respeto. La situación descrita justifica, como así lo ha entendido la jurisprudencia, que sobre la base de la facultad de control que el artículo 20 del Estatuto de los Trabajadores atribuye al empresario éste pueda articular sistemas que le permitan supervisar la correcta utilización de las herramientas tecnológicas por parte de sus empleados. Ahora bien, como señala el Tribunal Supremo en su sentencia del 26 de septiembre de 2007, este control no puede efectuarse de cualquier forma, sino que debe hacerse respetando la dignidad y la intimidad del trabajador, pues, de lo contrario, se podrían vulnerar sus derechos fundamentales a la intimidad y al secreto de las comunicaciones, reconocidos en el artículo 18 de nuestra Constitución.

El respeto a estos derechos se logra, a juicio del Tribunal Supremo, cuando la empresa fija las reglas de uso de sus herramientas tecnológicas, estableciendo prohibiciones absolutas o parciales, e informa a los trabajadores de la existencia del control, de los medios que se van a aplicar para efectuarlo y de las medidas que se adoptarán, en su caso, para garantizar la efectiva utilización laboral de las herramientas cuando sea preciso. Todo ello sin perjuicio de la posible aplicación de otras medidas de carácter preventivo, como la exclusión de determinadas conexiones. La fórmula más adecuada para el cumplimiento de todas estas medidas es la creación de una política o protocolo telemático, que se debe poner en conocimiento de los trabajadores.

Además, la empresa también debe garantizar que el control se hace efectivo respetando el principio de proporcionalidad, lo que la obliga a cuestionarse la idoneidad, la necesidad y la ponderación del mismo.

Por tanto, los nuevos escenarios que el desarrollo TIC y el entorno económico establecen reclaman la adopción de enfoques innovadores en la empresa para controlar, regular y conciliar los recursos tecnológicos y humanos de forma que se racionalice su utilización a favor de la mejora de la productividad y de la seguridad, garantizando siempre el absoluto respeto a la dignidad y a la intimidad de los trabajadores en los términos señalados por nuestro Tribunal Supremo.