La tecnología no asusta a la tercera edad
28/08/2012
El grupo de mayo r crecimiento en el uso de internet es el de las personas de más de 70 años.

Fuente: www.elnuevoherald.com

Nosotros, las personas de la llamada tercera edad, crecimos en una época en la que no existía ninguna de las innovaciones tecnológicas de hoy. En muchos de nuestros hogares el agua se enfriaba en neveras de hielo y la ropa se lavaba a mano en bateas de madera para después, sujeta con palitos de tendedera, colgarla al sol. Casi nadie tenía teléfono; para hacer una llamada urgente debíamos acudir a casa del único vecino de la cuadra que contaba con uno. Y como no había televisión, lo que las familias hacían era reunirse en la sala, alrededor del aparato de radio, para escuchar la novela de las ocho de la noche.

Éramos, aunque no viviésemos en los Estados Unidos, réplicas de aquellos personajes sencillos que Norman Rockwell inmortalizó en sus cuadros. Nuestro mundo, a los jóvenes de hoy, podría parecerle la prehistoria; pero era nuestro mundo. Más pequeño y antiguo; pero también más amable. Hasta que con la llegada de nuevos adelantos tecnológicos la vida se nos fue haciendo más fácil: ya no había que comprar hielo para conservar los alimentos, ni palitos de tendedera para colgar la ropa. Los teléfonos ya no fueron un lujo y tuvimos, al fin, un televisor. Así siguieron apareciendo nuevas y más complicadas tecnologías. La avalancha de nuevos dispositivos fue tan grande y tan rápida, sobre todo con la llegada del Internet, que muchas personas mayores no pudieron adaptarse a los cambios con suficiente rapidez.

Sin embargo, esa situación ha ido cambiando con el tiempo. Ya nadie cree el cuento del viejito de Hialeah que quiso abrir un correo electrónico con un abrecartas de plata toledana. Una prueba de ello es un reciente informe de Pew Internet & American Life Project en el que se afirma que, aunque todavía los grupos jóvenes (la llamada Generación del Milenio, de 18 a 33 años de edad y la Gen X, de 34 a 45) son los que dominan ciertas áreas de uso del Internet (como las redes sociales), el grupo de mayor crecimiento como nuevos usuarios son las personas de más de 70 años. Es cierto que lo hemos hecho con lentitud: las primeras experiencias cibernéticas de las abuelas consistían en chatear con sus amigas, y en el caso de los retirados, en la lectura de la prensa. Pero eso fue en sus inicios; hoy muchos de nuestros senior citizens conducen sus asuntos online. Lo mismo hacen un depósito bancario que compran un disco compacto en Amazon, o un boleto para un juego de los Marlins en Ticketmaster. Los hay que han vuelto a encontrar el amor en las páginas de la Web dedicadas a buscar pareja. Y aunque todavía no estén de lleno en Myspace o en Twitter, sí lo están en Facebook para mantenerse en contacto con sus hijos y nietos.

Pero no es solo el Internet; los iPhone, Droid, Blackberry y los iPad también están siendo utilizados por las personas de la tercera edad. No es raro verlas caminando en los pasillos de los centros comerciales mientras hablan en sus modernos celulares; o en los aviones leyendo en sus Kindle. Cada vez que descubren una nueva posibilidad cibernética, la exploran con desenfado y sin miedos digitales. Ya el cielo no es el límite. Justo en el ocaso, un mundo globalizado se abre ante ellos. Retrasan la senilidad manteniendo la mente activa a través de los distintos juegos que encuentran en la red, comunicándose con viejos amigos mediante los e-mails o visitando los museos virtuales de las grandes capitales del mundo: el Louvre, el Prado, el Uffizi y el Hermitage al alcance de una tecla. El arte como instrumento de crecimiento intelectual, como paliativo para la soledad o como una feliz alternativa a la telenovela de las nueve.

Y es que nosotros, las personas de la llamada tercera edad, no le tememos a las nuevas tecnologías. Es verdad que todavía muchos preferimos leer un libro impreso que hacerlo en el monitor de la computadora. Pero seguimos batallando; tratando de mejorar nuestra calidad de vida. Por eso hacemos todo lo que hacen los jóvenes: intercambiamos archivos, “colgamos” fotos y, claro, también bajamos música. Bueno, en realidad, no hacemos “todo” lo que hacen los jóvenes. Por ejemplo, no “texteamos” mientras manejamos. No sólo por sentido común, sino por la artritis y las cataratas. •

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