Tecnología para mantener redes con vida en catástrofes
13/11/2012
Mantener con vida a las redes de telecomunicaciones durante las catástrofes naturales es un reto al que se enfrentan los proveedores de servicios de llamadas de voz y transmisión de datos en redes fijas y móviles.

Fuente:  http://eleconomista.com.mx

Evitar la interrupción de estos servicios, sobre todo en una era en que las redes sociales y los móviles han cobrado vital importancia para los internautas, resulta crítico para la sociedad en estos momentos de contingencia.

“Las redes sociales, las aplicaciones móviles y las nuevas tecnologías ayudan a enfrentar situaciones críticas como un desastre natural, permitiendo que el impacto de las acciones de ayuda y asistencia sea más profundo”, considera Silvina Moschini, fundadora y directora general de Intuic, una agencia de comunicación y mercadotecnia en redes sociales.

Existen tecnologías para mitigar las afectaciones en las redes, causadas por fenómenos como terremotos, huracanes o tsunamis. Esto es vital para prepararse ante episodios de catástrofe, aseguran expertos, pues las telecomunicaciones son recursos primordiales para que personas contacten a sus seres queridos e informar sobre daños o contingencias.

Una de estas tecnologías son las llamadas redes inteligentes para la transmisión de datos a través de fibra óptica usada principalmente en los cables submarinos de las compañías de telecomunicaciones, que utilizan para la transmisión de altos volúmenes de datos.

Fabio Medina, Gerente General y Vicepresidente de Ventas para América Latina de Ciena, empresa que ofrece soluciones para habilitar estas redes inteligentes explica: “Una red inteligente tiene la capacidad de analizarse a sí misma, encontrar fallas y ver dónde reenrutar el tráfico sin intervención manual. Tiene esa capacidad de ‘curarse’ a sí misma”.

De acuerdo con el Comité Internacional para la Protección de los Cables Submarinos, casi el 100% del tráfico internacional de Internet, y más del 95% del tráfico de voz y datos es transmitido a través de los cables ópticos submarinos.

Un ejemplo de esta tecnología se puede observar en los cables "inteligentes" de la red de Verizon, que permitieron a la operadora continuar con el flujo de datos durante el terremoto de 8.9 grados Richter y el tsunami que azotaron a Japón en marzo del 2011.

“A raíz del tsunami, ellos (Verizon) sufrieron entre 15 y 20 cortes de cables submarinos entre el día del tsunami y los siguientes temblores que sufrieron. Reparar un cable submarino requiere de bastante tiempo. A pesar de que tuvieron roturas, ellos no perdieron un sólo circuito de sus clientes, no perdieron un byte de información de lo que estaban transmitiendo en sus redes submarinas porque con las tecnologías inteligentes siempre tuvo la capacidad de analizar la red, encontrar la falla y hallar automáticamente los caminos para que el tráfico pudiera ser redirigido”, explicó Medina.

Un fenómeno similar en diciembre del 2006, que impactó al sur de la costa de Taiwán, dejó sin comunicaciones de voz y datos a millones de personas en Asia dado que 10 cables ópticos submarinos sufrieron rupturas. Estos cables no contaban con la tecnología “inteligente”.

Hay empresas como las operadoras de telefonía móvil de Estados Unidos AT&T y Verizon, o la mexicana Telmex que ya utilizan estas tecnologías desde hace varios años.


¿POR QUÉ SIGUE "CAYENDO" LA RED CUANDO TIEMBLA?

En eventos como sismos, donde los habitantes de una ciudad casi instintivamente quieren realizar llamadas a sus familiares y amigos, la cantidad de datos transmitidos a través de las celdas celulares supera su capacidad por lo que existe una sobresaturación de la red, explicó Fabio Medina.

Aplicar tecnologías para redes inteligentes como las propuestas por Ciena sólo son rentables para los grandes cables submarinos. En la transmisión de antenas y terminales terrestres para ofrecer servicios de telecomunicaciones al usuario final resultaría demasiado costoso para los operadores, agregó.

Aunque la saturación depende de las capacidades de transmisión de las redes, las operadoras móviles también enfrentan el reto de desarrollar sistemas alternos en caso de daños en la infraestructura de antenas y transmisores de señal durante una catástrofe.

Armando González, director de Desarrollo de Negocios de Dimension Data México, sugiere que las operadoras “deben buscar un esquema de conectividad de redundancia a través de microondas, o de comunicación satelital”.

Un sistema de redundancia permite a los operadores contar un sistema de respaldo para continuar con la operación de los sistemas de comunicaciones, principalmente aquéllos que son críticos para la sociedad, como los servicios de telefonía.

El paso del huracán Sandy fue un claro ejemplo de la necesidad de este tipo de sistemas además de sistemas robustos de generación de energía ante los apagones como el que dejó en penumbras a la cosa este de Estados Unidos durante y después del paso del ciclón.

En su blog, Roberta Witty, analista de la firma Gartner, resaltó que hubo un momento en que dejó de funcionar el 25% de las celdas celulares de los operadores móviles desde la región de Virginia hasta Massachussets, derivado del huracán, según información de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos.

Esto provocó la intermitencia de los servicios de telecomunicaciones durante varios días, afectando a todas las operadoras que ofrecen servicios en aquel país: AT&T, Verizon Wireless, Sprint Nextel y T-Mobile.

“Los sistemas por satélite pueden proporcionar respaldo para las comunicaciones más importantes. Por ejemplo, AT&T ofrece un terminal especializado que puede conectar a los clientes de Estados Unidos a través de las redes celulares 3G o vía satélite. También presentó recientemente su producto para “Movilidad en Zonas Remotas” que es un kit portátil que proporciona respalda servicios de voz y datos en la red de AT&T a través de satélite”, resaltó.

En México, los avances para fortalecer las redes de transmisión de datos va en aumento, considera Armando González, de Dimension Data, aunque observa que aún “hace falta una cultura de hacer una planificación y probar continuamente los programas de acción ante desastres, realizando simulacros por lo menos dos veces al año”.