La creatividad según el filósofo José Antonio Marina, que urge a las empresas y a las instituciones a fomentar la 'cultura de la creación' para dar respuestas a la sociedad
Con el bisturí de la palabra precisa, el filósofo José Antonio Marina abrió las entrañas del tejido económico español y encontró motivos para la preocupación: falta inteligencia empresarial.
Cinco Dias. Sergio Amadoz / MADRID (17-12-2005). Publicado en: Edición Impresa - Directivos


En una conferencia organizada por Esic, en colaboración con PricewaterhouseCoopers y Cinco Días, el pensador ofreció un brevísimo resumen de sus extensas reflexiones sobre la materia y, a trazo grueso, concluyó que las organizaciones deben esforzarse mucho más en explotar su inteligencia, su creatividad y la de sus miembros para llegar a niveles más altos de eficacia, tanto económica como social. Es necesario inventar la cultura de la creación.

Pero a este respecto también dijo: 'Soy optimista'. Un poco por rebeldía y el resto por convencimiento. 'El pesimismo goza de un prestigio intelectual que no merece. Vivimos gracias a optimistas tenaces que lucharon contra lo que decían los listillos', argumentó Marina, y dijo más; sostuvo que el gran recurso del ser humano es la inteligencia. 'Somos menos miserables de lo que creemos'.

Lo que ocurre muchas veces, y les pasa tanto a las personas como a las organizaciones, es que no se sabe sacar partido a ese recurso. Y eso es un inconveniente porque, según Marina, la inteligencia humana es 'fundamentalmente práctica'. Es decir, hay que aprender (y enseñar) a utilizarla, porque 'al póquer no gana el que mejores cartas tiene, sino el que mejor sabe jugar con las cartas que tiene'.

Pero más importante todavía es saber que la inteligencia 'es creadora'. Desde que existe, el ser humano se ha dedicado a cambiar el mundo que lo rodea, y el gran poder de las empresas, 'gigantescas concentraciones de talento', es que tiene capacidad para multiplicar el tamaño de esas transformaciones porque ese gran recurso del que habló Marina, y ésta es la última característica de las tres que enumeró, crece cuando es compartido: de la interacción de la inteligencia de dos individuos emerge una inteligencia que no equivale a la suma de ambas, sino que está en un nivel superior. Estudiar, comprender y aprovechar esto 'es una tarea urgente de la empresa', puesto que en un mundo cada vez más competitivo sólo sobrevivirán las sociedades rápidas en captar y solventar los problemas. Una compañía es inteligente, por otra parte, cuando soluciona los contratiempos y no produce más de los que ya existen, y también cuando logra 'mejorar las posibilidades' de los miembros que la componen.

Lo más importante, sin embargo, es que las empresas 'exploten su talento creador' y lo hagan no sólo para ganar dinero sino para ofrecer soluciones a la comunidad. '¿Y si confiáramos en ellas? ¿Por qué no proponen cosas a la sociedad?, ¿por qué no se convierten en líderes sociales?', se preguntó José Antonio Marina. Ésta es una labor que el filósofo asigna a la inteligencia de las compañías. Se trata de buscar soluciones reales, se trata de crear, de hacer, de pasar a la acción. Pero entonces aparece la gran barrera, un grave 'problema nacional'. 'No hay cultura de la creación, desdeñamos la cultura práctica.

Por ejemplo, tenemos muy buenos científicos que no han querido pasar a la práctica', explicó Marina, que vislumbra una posible solución en la universidad y el Estado, desde donde debe fomentarse la creatividad, y en la propia empresa, que debe ser capaz de estimularla. Para empezar, porque necesita con urgencia tres tipos de innovación: nuevos productos, 'porque o inventas o te quedas en la cuneta', nuevos modos de organización de las compañías y nuevas formas de relacionarse con el cliente, 'que cada vez es más volátil'.

'Hasta ahora nos ha resultado más ventajoso y más cómodo importar la creatividad, pero eso tiene un recorrido muy corto. El problema es que hemos sido perezosos y la juventud se ha instalado en una impotencia confortable. Existe un sentimiento generalizado de decepción y sumisión respecto al trabajo, y éste es un asunto bastante grave porque hay dos grandes enemigos para la inteligencia: el miedo a los cambios y la pasividad', concluyó José Antonio Marina.

Acciones motivadas por una razón: encontrar el camino de la felicidad

No hay que darle vueltas. 'Todo lo hacemos por encontrar la felicidad', sostuvo José Antonio Marina. Y la felicidad consiste en 'la armoniosa satisfacción de nuestras dos motivaciones esenciales'. Por un lado, el ser humano quiere 'disfrutar. Es la faceta hedonista y conservadora'. Por otro, aunque parezca paradójico, desea 'vivir en tensión'. 'Necesita sentirnos reconocidos en lo que hacemos, sentir que causamos algo justo o bello'.

Cuando una de estas dos facetas se amputa no hay posibilidad de ser felices. De constatar esta realidad filosófica parte el optimismo de José Antonio Marina, pues las personas tienen la necesidad de ser creativas.

'Cuando prolongamos esta tendencia de la inteligencia creadora vamos a conseguir bienestar pero también nobleza', explicó el pensador, para quien el mundo se encuentra en un momento histórico. 'Hay grandes posibilidades de mejorarlo, aunque también de estropearlo por mucho tiempo', dijo, pero se mostró positivo: 'Mi mensaje es optimista porque una vez logrado cierto niveles de bienestar, si la inteligencia se deja llevar empieza a inventar valores y permite que estemos orgullosos de haber contribuido a que el mundo sea habitable'. Y Marina citó a Holderling: 'Poéticamente vive el hombre en la Tierra'. Es decir, 'creando, humanizando'.